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Revista BIP

El dolor vertebral dorsal como motivo de consulta médica: manejo y recomendaciones

Los procesos dolorosos que asientan específicamente en la espalda constituyen un motivo frecuente de consulta médica, determinando por un lado un importante factor de preocupación en la persona que los sufre y por otro, una gran repercusión en los ámbitos social, laboral y económico. El Dr. Lorenzo Agudo, médico especialista en Rehabilitación y Medicina Física, se centra en los aspectos directamente relacionados con el dolor vertebral dorsal, en un intento por proporcionar información relevante sobre su incidencia, etiología y los procedimientos más destacados en su manejo terapéutico.

El dolor vertebral dorsal o más comúnmente denominada “dorsalgia” es una causa frecuente de consulta en los servicios médicos (cerca del 7-8% de los procesos manejados en los Servicios de Rehabilitación Laboral corresponden a cuadros clínicos de dolor dorsal), ocupando un lugar destacado dentro del amplio número de procesos patológicos que precisan la realización de estudios diagnósticos complementarios y la aplicación de procedimientos terapéuticos variados.

Este cuadro clínico se relaciona habitualmente con sobrecargas posturales y/o funcionales, pudiendo aparecer tanto de forma inespecífica sin un claro mecanismo desencadenante conocido, como de forma brusca tras la realización de determinados esfuerzos, la adopción de posturas forzadas o la ejecución de ciertos movimientos que pueden resultar demasiado exigentes para la columna vertebral, provocando una sintomatología dolorosa de variable intensidad que tiende a localizarse a nivel vertebral o paravertebral dorsal, siendo frecuentemente descrito por la persona que lo padece como un dolor de localización interescapular, uni o bilateral.

Clínicamente se caracteriza por dolor en la musculatura paravertebral dorsal, continuo o intermitente, en ocasiones con una sensación asociada de quemazón, que puede irradiarse hacia delante siguiendo el trayecto anatómico de las costillas, con una sensación puntual de opresión en el pecho y dificultad para la respiración. Otras veces, se acompaña de dolor y limitación funcional en la columna cervical, en especial para los movimientos de flexión del cuello, al determinar un dolor intenso entre ambas escápulas con una sensación asociada de tirantez o agarrotamiento. Con mucha menos frecuencia, la persona que lo sufre refiere otros síntomas más diversos como dolor de cabeza, sensación de vértigo o mareos, adormecimiento en las manos y dolor asociado en la parte más inferior de la espalda.

La sintomatología dolorosa en la región vertebral dorsal puede deberse a diferentes causas, sí bien, en la mayor parte de los casos son procesos benignos que aparecen en relación directa con la realización de un esfuerzo excesivo o la adopción de una postura forzada o incorrecta para la espalda. Estas situaciones generan las llamadas dorsalgias mecánicas, procesos “benignos” por definición que precisan habitualmente un manejo conservador y que en el mayor porcentaje de los casos conllevan un pronóstico clínico claramente favorable.

Sin embargo, es conveniente descartar otras posibles causas productoras del dolor dorsal que constituirían las llamadas dorsalgias no mecánicas o “malignas”, que precisan un abordaje terapéutico diferente del habitual al presentar generalmente un peor pronóstico evolutivo. Entre las causas malignas del dolor vertebral dorsal se encuentran los tumores (primarios o metastásicos) y los procesos infecciosos que pueden asentar en alguna de las diferentes estructuras vertebrales que componen dicha región anatómica, incluso procesos patológicos no vertebrales capaces de poner en peligro la vida del paciente, como el infarto agudo de miocardio, el aneurisma disecante de aorta, etc.

Por este motivo, es estrictamente necesario llevar a cabo una detallada historia clínica y una minuciosa exploración física que permitan establecer un diagnóstico clínico aproximado, y ante la sospecha de un proceso clínico no habitual, recurrir a las pruebas complementarias más adecuadas y específicas que permitan confirmar o descartar la sospecha diagnóstica inicial.

Como objeto de facilitar el estudio y el manejo de la sintomatología dolorosa dorsal, se tiende a clasificar este cuadro patológico en función del origen del dolor, estableciéndose varias posibilidades:

- Dolor de origen articular. Procesos articulares inflamatorios (artritis) o degenerativos (artrosis);

- Dolor de origen discal. Hernia discal, protrusión discal, discopatía degenerativa, discitis, espondilolisis;

- Dolor de origen vertebral. Tumores, fracturas traumáticas o secundarias a osteoporosis, espondilitis séptica, enfermedad de Paget, hiperostosis anquilosante;

- Dolor de origen en los tejidos blandos. Dolor secundario a tensión o sobrecarga muscular, esguince o distensión muscular dorsal;

- Dolor de origen visceral. Cardiopatía isquémica, enfermedades de la aorta, patología pulmonar (tumores, derrame pleural), patología digestiva (hernia de hiato, tumor pancreático o gástrico, pancreatitis, ulcus péptico, colelitiasis, colecistitis).

Gran parte de la sintomatología dolorosa que asienta sobre la región vertebral dorsal tiene su origen en las características anatómicas tan específicas de esta zona, incluyendo aspectos morfológicos y biomecánicos. Así, la columna dorsal está constituída por 12 vértebras alineadas, cuyo tamaño aumenta de forma paulatina a medida que se aproxima a la región lumbar, constituyendo en conjunto una curva de convexidad posterior denominada cifosis. Estas vértebras contactan con las costillas formando la pared posterior del tórax, configurando un armazón que limita de forma significativa los movimientos de la columna dorsal, determinando una menor tendencia a sobrecargar las estructuras discales y articulares de dicha zona, a diferencia de lo que ocurre en las regiones vertebrales cervical y lumbar, donde la sintomatología dolorosa habitualmente existente guarda relación con la mayor movilidad de dichas zonas.

Por otro lado, la musculatura paravertebral dorsal, constituida por grupos musculares situados a diferentes niveles, tiene cierta tendencia a debilitarse en determinados grupos de pacientes en ausencia de un trabajo muscular específicamente dirigido a su tonificación, facilitando en ellos la producción de dolor tras esfuerzos o posturas no demasiado exigentes. Esta situación motiva que en la mayor parte de los casos nos encontremos una musculatura tensa como fuente principal de producción de la sintomatología dolorosa habitualmente referida.

Una vez descartadas las causas no mecánicas del dolor vertebral dorsal y tras diagnosticar el proceso doloroso del paciente como un dolor de características mecánicas, el manejo terapéutico inicial será siempre conservador mediante la realización de un reposo funcional relativo que evite el debilitamiento de los grupos musculares involucrados, la aplicación de calor local superficial que relaje los tejidos blandos frecuentemente tensos y doloridos, un tratamiento farmacológico - analgésicos, antiinflamatorios no esteroideos y relajantes musculares - y un programa específico de Rehabilitación, habitualmente de corta duración, dirigido básicamente a complementar el efecto sintomático proporcionado por el resto de medios terapéuticos utilizados y restaurar el nivel funcional previo del paciente en el menor tiempo posible que le posibilite una reincorporación precoz y segura a sus actividades previas.

Entre los medios habitualmente disponibles en los gimnasios de Rehabilitación para conseguir los objetivos inicialmente propuestos – alivio sintomático del dolor referido y mejoría progresiva de la capacidad funcional – destacan la aplicación alternante de frío y calor, la termoterapia en sus diferentes formas de aplicación - superficial y profunda -, las corrientes electroanalgésicas, el tratamiento ortésico, los ejercicios específicos de flexibilización y potenciación muscular, la hidroterapia en piscina terapéutica y los ejercicios destinados c conseguir un adecuado control postural.

Resulta muy aconsejable el aprendizaje y posterior realización de ejercicios activos domiciliarios de columna cérvico-dorsal y cintura escapular, como complemento del tratamiento específico realizado en el gimnasio de Rehabilitación, así como la aplicación de calor local superficial varias veces al día que permita relajar la musculatura dolorosa y favorecer la realización de los ejercicios recomendados. Además, es importante el aprendizaje y posterior aplicación de la normas básicas de higiene postural y ergonomía vertebral, especialmente recomendadas en aquellas personas con cuadros dolorosos frecuentes, en relación directa con las diferentes posturas y los gestos habituales de la vida diaria, tanto en el ámbito social como en el laboral.

Entre dichas normas conviene destacar, por su influencia favorable en la prevención de nuevos cuadros dolorosos, las siguientes:

- Sí algún gesto, postura o actividad habitualmente realizada produce dolor, es conveniente dejar de hacerla, ya que dicha sintomatología constituye un aviso claro de la dificultad existente en ese momento para su normal ejecución;

- Adoptar posturas seguras para la espalda en todo momento, buscando un apoyo seguro de la misma durante la realización de cualquier movimiento que pueda resultar perjudicial para ella. Esta recomendación resulta especialmente útil en las posturas de sedestación, bipedestación y decúbito, al tratarse de posiciones que desde un punto de vista biomecánica determinan una sobrecarga mecánica significativa sobre la región dorso-lumbar;

- Control adecuado del peso corporal, para evitar sobrecargar las diferentes estructuras de la columna vertebral – discos intervertebrales, articulaciones interapofisarias y tejidos blandos -;

- Manejar convenientemente las cargas, partiendo siempre de una posición segura para la espalda y utilizando la fuerza muscular de las extremidades inferiores, claramente superior a la fuerza que puede desarrollar la musculatura paravertebral.

- Mantener un nivel físico adecuado mediante la realización de un programa de ejercicios preferentemente de tipo aeróbico, incrementando de forma progresiva el tiempo de dedicación y la intensidad del ejercicio realizado, lo que contribuirá favorablemente a aumentar el grado de tolerancia y adaptación a las exigencias habituales de la vida diaria.

Más información y consejos sobre el cuidado de la salud en: ibermutuamur.es/salud

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