Anexos ·I. Legislación
        Ia. Legislación de la Unión Europea
        Ib. Legislación española
·II. Tabaquismo pasivo
        IIa. Composición del humo de tabaco
        IIb. Contenido comparado de las corrientes
        IIc. Enfermedades producidas en adultos
        IId. Síndrome del edificio enfermo
·III. Tabaquismo activo
        IIIa. Enfermedades asociadas
        IIIb. Enfermedades derivadas
        IIIc. Patología en la mujer
·IV. Bibliografía
·V. Páginas"web" de interés
·VI. Abreviaturas empleadas
Anexo IId: “SÍNDROME DEL EDIFICIO ENFERMO”
(Sick Building Syndrome, SBS)

Síndrome del edificio enfermoEl humo de tabaco es uno de los factores que contribuye al “síndrome del edificio enfermo”. Con este término se cataloga al malestar y molestias agudas que parecen relacionarse con el tiempo pasado en un edificio, y que no pueden ser atribuidos a una enfermedad o causa específica.

Son señales del “síndrome del edificio enfermo”:

- La presencia de síntomas agudos, como irritación de ojos, nariz y garganta, sequedad de piel, tos, ronquera y respiración sibilante, náuseas y mareos, dificultad de concentración, cansancio y sensibilidad a los olores.

- El hecho de que la mayor parte de las molestias desaparezcan poco después de abandonar el edificio.

- El desconocimiento de la causa: los síntomas no pueden ser atribuidos a una enfermedad contraída fuera del edificio, ni a ningún tipo de hipersensibilidad o alergia, ni a estrés o insatisfacción relacionados con el trabajo, ni a otros factores psico-sociales. Aun así, se ha comprobado que los síntomas se relacionan con la calidad del aire interior.

Las principales causas del síndrome del edificio enfermo son la combinación de ventilación inadecuada y contaminantes químicos interiores; también contribuyen a él compuestos biológicos (pólenes, hongos…), contaminantes químicos exteriores (procedentes de vehículos de motor o de tuberías de ventilación ajenas), así como la humedad y la temperatura ambientales.

Ventilación inadecuada: la crisis energética de los años 70 llevó a que los constructores diseñaran edificios con una mayor eficiencia energética; esto es, más aislados y con una menor ventilación exterior. El estándar de ventilación por persona se redujo a 0´14 m3/min (el anterior estándar -0´42- se basaba fundamentalmente en la dilución y la eliminación de los olores corporales). El incremento de molestias y de problemas para la salud que esta reducción originó hizo que los estándares volvieran a incrementarse: actualmente se considera que la ventilación por persona mínima debe ser 0´42 m3/min (0´56 m3/min en oficinas); en espacios tales como salas de fumadores la ventilación por persona puede tener que llegar hasta 1´70 m3/min (ASHRAE Standard 62-1989). La ventilación inadecuada puede derivarse también de problemas en la distribución del aire inducidos por calentadores, ventiladores y el aire acondicionado.

Entre los contaminantes químicos interiores destacan los compuestos orgánicos volátiles (incluyendo formaldehído) y las partículas. La principal fuente de contaminantes químicos interiores es el humo de tabaco; otras fuentes son los productos de combustión, pegamentos, barnices, fotocopiadoras, artículos de limpieza y pesticidas.

La resolución del síndrome del edificio enfermo conlleva habitualmente varias medidas que pueden resumirse en: eliminación o modificación de la fuente contaminante (restricción de fumar, limpieza periódica de filtros, cambios de pinturas y alfombras, almacenamiento de potenciales tóxicos sólo en salas ventiladas, empleo de ellos cuando el edificio esté más vacío…) y aumento de las tasas de ventilación, a la par que educación y comunicación sobre el problema.

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