El
humo de tabaco es uno de los factores que contribuye al “síndrome del
edificio enfermo”. Con este término se cataloga al malestar y molestias
agudas que parecen relacionarse con el tiempo pasado en un edificio,
y que no pueden ser atribuidos a una enfermedad o causa específica.
Son señales del “síndrome del edificio enfermo”:
- La presencia de síntomas agudos, como irritación de ojos, nariz y
garganta, sequedad de piel, tos, ronquera y respiración sibilante, náuseas
y mareos, dificultad de concentración, cansancio y sensibilidad a los
olores.
- El hecho de que la mayor parte de las molestias desaparezcan poco
después de abandonar el edificio.
- El desconocimiento de la causa: los síntomas no pueden ser atribuidos
a una enfermedad contraída fuera del edificio, ni a ningún tipo de hipersensibilidad
o alergia, ni a estrés o insatisfacción relacionados con el trabajo,
ni a otros factores psico-sociales. Aun así, se ha comprobado que los
síntomas se relacionan con la calidad del aire interior.
Las principales causas del síndrome del edificio enfermo son
la combinación de ventilación inadecuada y contaminantes químicos
interiores; también contribuyen a él compuestos biológicos (pólenes,
hongos…), contaminantes químicos exteriores (procedentes de vehículos
de motor o de tuberías de ventilación ajenas), así como la humedad y
la temperatura ambientales.
Ventilación inadecuada: la
crisis energética de los años 70 llevó a que los constructores diseñaran
edificios con una mayor eficiencia energética; esto es, más aislados
y con una menor ventilación exterior. El estándar de ventilación por
persona se redujo a 0´14 m3/min (el anterior estándar -0´42- se basaba
fundamentalmente en la dilución y la eliminación de los olores corporales).
El incremento de molestias y de problemas para la salud que esta reducción
originó hizo que los estándares volvieran a incrementarse: actualmente
se considera que la ventilación por persona mínima debe ser 0´42 m3/min
(0´56 m3/min en oficinas); en espacios tales como salas de fumadores
la ventilación por persona puede tener que llegar hasta 1´70 m3/min
(ASHRAE Standard 62-1989). La ventilación inadecuada puede derivarse
también de problemas en la distribución del aire inducidos por calentadores,
ventiladores y el aire acondicionado.
Entre los contaminantes químicos interiores destacan
los compuestos orgánicos volátiles (incluyendo formaldehído) y las partículas.
La principal fuente de contaminantes químicos interiores es el humo
de tabaco; otras fuentes son los productos de combustión, pegamentos,
barnices, fotocopiadoras, artículos de limpieza y pesticidas.
La resolución del síndrome del edificio enfermo conlleva habitualmente
varias medidas que pueden resumirse en: eliminación o modificación
de la fuente contaminante (restricción de fumar, limpieza
periódica de filtros, cambios de pinturas y alfombras, almacenamiento
de potenciales tóxicos sólo en salas ventiladas, empleo de ellos cuando
el edificio esté más vacío…) y aumento de las tasas de ventilación,
a la par que educación y comunicación sobre el problema.
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