Cómos: Un caso práctico. Plan "Ibermutuamur sin humo" ·5.1 - La decisión de la política de Espacio Sin Humo
·5.2 - Creación del grupo de trabajo
·5.3 - Espacios para fumadores
·5.4 - La comunicación inicial del Plan
·5.5 - El respaldo de la Representación Sindical y del Comité de Seguridad y Salud
·5.6 - Una encuesta como punto de partida: conocer la realidad
·5.7 - Ayuda a los fumadores
·5.8 - El Plan de Comunicación Interna desarrollado
·5.9 - El despliegue de la campaña gráfica
·5.10 - Preparando el Día D: vuelve sin humo
·5.11 - Una encuesta para el seguimiento del Plan
·5.12 - Habilitar los espacios para fumadores
·5.13 - Unidades de Tratamiento y Ayuda al Fumador (U.T.A.F.)
Habilitar los espacios para fumadores

Otro planteamiento estratégico cuando se aborda la eliminación del humo del tabaco en el ámbito laboral es una adecuada definición de los espacios destinados al consumo de tabaco por los trabajadores dentro de los edificios de la empresa. Es un punto clave que requiere conocer, en primer lugar, la opinión de los trabajadores. En el caso de Ibermutuamur se realizó una primera encuesta que demostró que la mayoría de los empleados prefería que se ubicasen espacios específicos para los fumadores dentro de nuestros edificios. En este punto hubo que abordar con claridad la factibilidad de este deseo expresado en la encuesta. Dentro del grupo de trabajo que dinamizó el Plan Ibermutuamur Sin Humo y en el que se integraban miembros del Comité de Empresa y del Comité de Seguridad y Salud se valoró como imposible crear espacios “ad hoc” para fumadores en todos nuestros centros dada la disparidad de tamaños, número de fumadores, espacios libres, etc. Se decidió habilitar estos espacios en los grandes centros de la Mutua por ser posible y al ser también más numeroso, en términos absolutos, el colectivo de fumadores (Fig. 30).

Fig. 30: Imagen de una de las salas habilitadas para fumadores en la sede social de Ibermutuamur en Madrid.

Fig. 30: Imagen de una de las salas habilitadas para fumadores en la sede social de Ibermutuamur en Madrid.

Una vez decidida la ubicación de estos espacios para fumadores con una visión posibilista del problema, se trabajó en el diseño de los mismos. Se abordó con claridad la necesidad de que tuviesen las máximas condiciones de salubridad a pesar de tener que albergar una importante concentración de fumadores en determinados momentos. Tras estudiar las diferentes posibilidades de descontaminación de estos entornos fuertemente afectados por humo de tabaco se decidió que las condiciones mínimas que deberían tener estas zonas fuesen las siguientes:

- Estar siempre perfectamente separadas del resto de las estancias del edificio para que nadie y en ninguna circunstancia tuviese que transitar obligadamente por estas salas para acceder a otras zonas del edificio.

- Acceso exclusivo para fumadores.

- Ventilación directa con el exterior (Fig. 31).

Fig. 31: Ventilación exterior directa de una de las salas de fumadores.

Fig. 31: Ventilación exterior directa de una de las salas de fumadores.

- Completamente climatizadas durante todo el año con aparatos exclusivos para estas áreas sin mezclar el aire de las mismas con los circuitos centralizados de aire acondicionado y ventilación (Fig. 32).

Fig. 32: Climatización de las salas de fumadores.

Fig. 32: Climatización de las salas de fumadores.

- Dotadas de instalación de ozono para descontaminar y desodorizar las mismas (Fig. 33).

Fig. 33: Aparatos emisores de ozono para descontaminación y desodorización.

Fig. 33: Aparatos emisores de ozono para descontaminación y desodorización.

-‚ Instaladas con aparato de eliminación de partículas ambientales de alto rendimiento y de la máxima potencia dentro de los existentes en el mercado para atrapar la mayor parte posible de los elementos nocivos del humo del tabaco aun cuando son científicamente conocidas las limitaciones de estos dispositivos (Fig. 34).

Fig. 34 : Aparato de eliminación de partículas en el aire ambiental.

Fig. 34 : Aparato de eliminación de partículas en el aire ambiental.

Es importante considerar que cualquier intento de lograr que una sala destinada al consumo del tabaco sea salubre y agradable está condenada al fracaso. Sin embargo, quien tiene la obligación de acondicionar lo que algunos han bautizado como las “narcosalas”, tiene que hacer el máximo esfuerzo técnico y obviamente económico para evitar, en la mayor medida posible, los daños que puedan producirse en sus usuarios aun cuando son ellos los que deciden de un modo absolutamente voluntario el acceso y la permanencia en estas zonas destinadas al consumo de tabaco.

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