| Inadecuada realización de las actuaciones | |
| A. No se informó a los trabajadores con suficiente antelación La mayoría de las personas necesitamos tiempo para asimilar los cambios
que deben producirse en nuestra manera habitual de actuar. Gran parte
de los enfados de la vida cotidiana derivan, no propiamente de qué se
decide, sino de lo poco que se ha contado con uno y del poco margen
con el que se comunica lo decidido. No tiene mucho sentido, por ejemplo, que los trabajadores que se incorporen de vacaciones el uno de septiembre, se enteren ese mismo día de que su empresa es libre de humo, medida que se comunicó a principios de agosto. O que haya todo un sector de la empresa a quien no se comunicaron las medidas porque el responsable al respecto estuvo de baja la semana correspondiente. B. No están absolutamente separadas las zonas de fumadores y no fumadores Definir un espacio como Espacio Sin Humo no implica necesariamente
que no se fume en él bajo ninguna circunstancia. Espacio Sin Humo significa
que todos los sitios por los que un no-fumador debe moverse en ese lugar
(sea éste un local, una empresa, un municipio, etc.) están libres de
humo de tabaco. Es decir, el no-fumador nunca deberá necesitar atravesar
–o entrar en– lugares con ACHT.
La adquisición o adecuación de estos sistemas conlleva unos costes
adicionales que hacen menos favorable para la empresa el balance costes-beneficios
de las medidas destinadas a implantar lugares específicos para fumadores.
Por este motivo, muchas empresas consideran más asequible y menos problemática
la restricción absoluta de fumar en las instalaciones, medida que es
la que habitualmente se acaba implantando, sobre todo, en las pequeñas
y medianas empresas. C. Las alternativas, tanto para fumadores como para no fumadores, pueden ser inadecuadas o inconvenientes Puede ocurrir que se compruebe que la separación de zonas dé lugar
a problemas no previstos, que exigen un replanteamiento de los lugares
de separación o de las condiciones en las que ésta se produce. Esta saturación ambiental puede deberse a que no
se valoró bien el porcentaje de fumadores, a que se sobrestimaron las
repercusiones de las restricciones, a que los fumadores tienden a juntarse
en unas mismas horas, a que no se calcularon las necesidades de ventilación
de la sala, o a otros motivos. En relación a los no-fumadores, uno de los problemas más frecuentes es que las zonas de fumadores les resulten deseables o ineludibles; así, a veces ocurre que acuden a ellas, no por obligación, sino por razones de conveniencia. Puede ocurrir que la sala de fumadores sea: Las soluciones en estos casos no son fáciles: lo único que se puede hacer es conseguir que las zonas de fumadores sean zonas exclusivamente para fumar, que no se transformen en salas de estar o convivencia. D. Los primeros incumplimientos de la nueva normativa son pasados por alto y carecen de repercusiones Todo tipo de medidas tienen un efecto disuasorio si su quebrantamiento
acarrea consecuencias. Éstas no tienen porqué ser estrictamente materiales.
Ya se ha señalado que en la planificación de la política debe hacerse
constar expresamente el régimen disciplinario al que las transgresiones
estarán sometidas valorándose éstas por los mismos criterios que regulan
otro tipo de incumplimientos. A veces ocurre que el incumplimiento es realizado por alguien de los intocables de la empresa (sea del estamento que sea). Esto resta autoridad moral a la normativa y a quienes consideran ineludible su incumplimiento. La única prevención y solución de estos problemas es: - Conseguir el apoyo de todos los estamentos implicados a la hora de
establecer las medidas. E. Pensar que, una vez puesto en marcha, el Programa rodará sólo, por su propia inercia Suponer que las medidas van a ser cumplidas simplemente porque han
sido promulgadas y porque se basan en un amplio consenso, manifiesta
una notable ingenuidad. Casi nunca ocurre así, y menos en las cuestiones
relacionadas con las restricciones del tabaco, una sustancia que origina
una gran dependencia y que socialmente sigue estando más o menos aceptada. F. Pensar que es simplemente una cuestión de tolerancia
Este anuncio salió hace algunos años a página completa durante varios días en los principales diarios nacionales. Fue pagado por la principal compañía tabaquera mundial y pretendía evitar –retrasar– la implantación de medidas restrictivas frente al consumo de tabaco en el medio laboral. Llama la atención porqué están esas personas en la calle. No hay duda de que, en cierto sentido, es la política la que les obliga a estar en la calle. Pero les obliga porque ellas quieren fumar. Si no quisieran fumar, nada les obligaría a estar en la calle. En cierto sentido, estas personas están en la calle porque ellas mismas quieren. Cabe plantearse la duda de si están en la calle porque, más que querer, necesitan fumar. Si lo necesitan, ya no son ellos quienes quieren: la necesidad de fumar les obliga a estar en la calle. Por ello, lo más razonable sería fijarse –poner el énfasis– en el poder que lleva a esas personas a arrostrar molestias y dificultades: su adicción. Nadie hace pausas en el trabajo y baja a la calle cuando en el trabajo se restringe que se lleve corbata, se lean comics, se ingieran semillas de calabaza, o se escuche FM, por poner algunos ejemplos absurdos.
El problema del tabaquismo pasivo (de los espacios contaminados por el humo del tabaco) no es una cuestión de tolerancia; sería todo más sencillo si así lo fuera. El problema es que fumar dentro de un espacio cerrado supone para quienes no fuman un riesgo de enfermedad. Este nivel de riesgo es mayor que el ocasionado por otros factores de los que habitualmente se ha considerado necesario proteger a los trabajadores y cuya exposición está regulada. La tolerancia no nos impide regular el manejo de la radiactividad, no quedando éste al arbitrio de los investigadores. La tolerancia no nos impide controlar a aquellos con impulsos sexuales no aceptables por nuestra normativa social (pederastas o violadores, por ejemplo), sin pretender dilucidar si realmente son libres en la ejecución de sus tendencias o no. La tolerancia no nos impide intentar regular la emisión de residuos contaminantes aunque ello suponga mayor coste para las empresas. Es más, habitualmente consideramos como señal de intolerancia oponerse a que estas acciones citadas sean reguladas. En tabaco aún nos falta perspectiva. Anteriormente la percepción era distinta y se permitía fumar en cualquier sitio. Esto se debía al desconocimiento del nivel de riesgo que comporta. Actualmente –pese el esfuerzo enturbiador de quienes tienen intereses económicos directos en el negocio– los riesgos están relativamente claros. Por ello, se restringe el consumo de tabaco allí donde terceras personas pueden verse afectadas. |
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