| Inadecuado enfoque del tabaquismo | |
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A. Falta de apoyo a los empleados que fuman y quieren dejarlo El objetivo fundamental de la política de creación de una empresa
sin humo es la promoción de la salud. Con ella no se pretende penalizar
a nadie por el hecho de fumar. Por esto, lo lógico es que la política
sea integral, y no se limite sin más a restringir o delimitar las zonas
o las horas en las que se puede fumar. Si bien es cierto que la empresa no tiene por qué responsabilizarse de que los trabajadores estén en el lado equivocado (por describir de alguna manera la evolución de las percepciones sociales), a la empresa le compensa facilitar los cambios que redundan en su propio beneficio o en el de sus trabajadores, que es el suyo propio. B. Pensar que lo mejor siempre es acudir a los servicios externos Si se decide ofrecer ayuda a quienes pretenden dejar de fumar, lo lógico es intentar que la intervención sea lo más eficaz posible. Para ello, no es imprescindible acudir a servicios externos. Éstos pueden conferir a la intervención un cierto aire de algo extraordinario. Pero, por ello mismo, pueden presentar menor eficacia a largo plazo, precisamente por verse como algo que se sale de lo normal. Quienes recaen tras dejan de fumar con un servicio externo, pueden no tener “a nadie” a quien acudir. Quienes recaen tras dejan de fumar con un servicio interno, siempre tiene el servicio al que acudir más asequible. Lo ideal es que sean los servicios médicos de la empresa –o quienes los suministren– los encargados de la intervención: así queda gráficamente reflejado que la actividad se integra dentro de la política de promoción de la salud que la empresa realiza. Esto requiere una cierta formación por parte de los profesionales sanitarios, formación de la que frecuentemente carecen o han recibido de un modo inadecuado. Aunque es lógico que existan unidades especializadas
y profesionales con dedicación exclusiva al tabaquismo, lo más normal
debería ser que lo relacionado con el consumo de tabaco y el tratamiento
de la dependencia fuera llevado a cabo por los diversos profesionales
sanitarios, integrados en las diversas estructuras que componen el sistema
(primaria, laboral…etc.). No suele ser así en la actualidad, pero acabará
siéndolo en unos pocos años (si nada evita el desarrollo de la aplicación
coherente de cuanto hoy en día se conoce). C. Ofrecer recursos con la finalidad principal de cumplir el expediente En el campo del tabaquismo –al igual que en otros– la eficacia deriva de la profesionalidad. Si se considera conveniente o necesario acudir a servicios externos, lo lógico es encargar la intervención a quien pueda realizarla adecuadamente. Puede parecer paradójico, pero la experiencia muestra que esto no siempre es así. En ocasiones –sobre todo en periodos pre-electorales–
algunos organismos tienen el problema de que se ven obligados a justificar
ante sus electores que han realizado actuaciones sobre algún tema relevante
y sobre el que existe preocupación social (en los años 90 esto era muy
típico en drogas, por ejemplo). Este hecho determina que, en esas circunstancias,
lo más importante no sea hacer algo útil, que sirva, sino simplemente
que se note que se ha hecho algo. Con cierta frecuencia es posible encontrar trabajadores que se quejan –con fundamento, por los datos que aportan– de que la ayuda prestada no fue la más adecuada. A ello colabora el hecho de que, en este campo del tabaquismo, la profesionalidad –no infrecuentemente– se mezcla con el amateurismo. D. Venderse a quien aparentemente es el mejor postor NO TODOS LOS FUMADORES SON DEPENDIENTES
DE LA NICOTINA (DEL TABACO) Para quien es dependiente, dejar de fumar no es cuestión de un momento:
si bien una decisión se puede tomar en un segundo o menos, conseguir
los cambios necesarios de conducta que conlleva una dependencia como
el tabaquismo (extinguir asociaciones, desarrollar mecanismos de afrontamiento,
reemplazar maneras de paliar déficits…etc.) es un proceso bastante más
largo. Es un proceso de deshacer las costumbres y maneras de hacer aprendidas
anteriormente, y de aprender otras nuevas. Este proceso, cuando hay
una dependencia instaurada, lleva meses y, en ocasiones, más tiempo.
Por ello, no se puede dejar de fumar en una hora. En el campo del tabaco, desgraciadamente, siguen
existiendo charlatanes que ofertan eficacias mucho mayores, comprometiéndose
a devolver el dinero...etc. Gran parte de la venta de imagen de este
tipo de negocios consiste en dar apariencia de empresa seria y marketing
agresivo…etc. La evidencia científica, los datos contrastados y verificables disponibles, muestran consistentemente que en tabaquismo los mejores resultados los obtienen los profesionales; y, en concreto, aquellos que utilizan modalidades de tratamiento multicomponente; es decir, los profesionales de la medicina, psicología, farmacia y/o enfermería que emplean sistemáticamente no sólo un método sino un conjunto de técnicas, tanto farmacológicas como psicológicas y conductuales. E. Sobrevaloración de lo que es una dependencia y de las necesidades que crea Al dejar de fumar puede aparecer el “mono”,
un síndrome de abstinencia. Se ve en la mayoría de los fumadores,
aunque no en todos; en algunas personas es muy intenso y en otras muy
ligero, apenas perceptible. Aparece 6-12 horas después del último cigarrillo,
aunque en algunas personas hay síntomas que pueden detectarse con anterioridad.
Alcanza su mayor intensidad alrededor de las 48-72 horas y remite bastante
al cabo de dos semanas. Para la inmensa mayoría de los fumadores no es ningún sacrificio estar cuatro horas sin fumar; de hecho, casi todos ellos están todos los días de 7 a 9 horas sin fumar, durante el tiempo dedicado al descanso nocturno. En ocasiones, les costará más o menos, pero el problema nunca son las cuatro horas; mucho menos, si son dos horas. En este sentido, las restricciones del consumo de tabaco en el medio laboral no son nunca una exigencia desmedida que se impone sobre unos pobres enfermos a quienes no les queda otro remedio que fumar. Salvo casos graves de patología psiquiátrica, por muy dependiente que se sea, todo fumador puede dosificar y controlar su consumo sin necesidad de realizar esfuerzos extraordinarios. El problema nunca es el síndrome de abstinencia. En algunos casos, los fumadores pueden sufrir alguna incomodidad o tener que hacer algún esfuerzo adicional al mero hecho de ser contrariados en una costumbre. Esto ocurre, por ejemplo, cuando quien fuma tiene
asociada su conducta de fumar con alguna circunstancia laboral (como
puede ser el ordenador, la cadena de montaje, la espera de un camión…etc.).
En este caso el problema no son las cuatro horas: por poder, los deseos
de consumir pueden aparecer cada diez minutos. Lo que debe hacerse es
ir extinguiendo –por el desuso, por no fumar– esas asociaciones. En definitiva, una adicción es un trastorno conductual, por
el que se hace más o menos necesario un determinado consumo (fumar),
ya que presenta algunas funciones adaptativas (manejo de estados de
ánimo o situaciones concretas). F. Infravaloración de lo que es una dependencia: pensar que dejarlo es sólo cuestión de fuerza de voluntad DEJAR DE FUMAR NO ES SÓLO CUESTIÓN DE
FUERZA DE VOLUNTAD A algunas personas -entre las que se encuentran muchas que consumían
un gran número diario de cigarrillos- no les ha costado lo más mínimo
dejar de fumar. Sin embargo, algunas otras refieren que dejar
el tabaco es lo más heroico –y con diferencia– que han hecho en su vida;
y esto no porque no hayan hecho nada. Fumar es una adicción y abandonarla
puede requerir esfuerzos ímprobos. La dificultad en el abandono no se relaciona con
el número de cigarrillos fumado. No es lo mismo fumar mucho que ser
muy dependiente; tampoco es lo mismo fumar poco (o pocos) que ser poco
o no ser dependiente.
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